Existen personas a las que les cuesta mucho decir que no, ya sea en su entorno profesional o en sus relaciones más personales.
El aceptar hacer algo que uno no quiere hacer, coloca a la persona que lo hace en una situación de insatisfacción y de incoherencia en relación a los propios deseos. A corto plazo, puede suponer una sensación de satisfacción (al agradar a los demás), pero a medio y largo plazo, el ir a contracorriente de lo que realmente son las propias emociones, conlleva un permanente estado de inconsistencia, al priorizar lo que quieren los demás y no lo que uno quiere.
¿Qué preguntas se puede hacer alguien que no sabe decir que no?
- ¿De qué tienes miedo al decir que no?
- ¿Qué crees que piensan los demás si les dices que no?
- Y ¿si siempre les dices que sí?
- ¿Qué precio pagas al decir que sí, cuando quieres decir no?
- ¿Cómo puedes ser más generoso contigo mismo?
- ¿Qué quieres desterrar de tu vida? ¿A qué le quieres decir que no definitivamente?
Un ejercicio práctico que puede ser útil en estos casos consiste en llevar una libreta y anotar cada vez que se dice que sí, cuando se quería decir que no; respondiendo a preguntas como ¿cómo te has sentido?, ¿qué te ha llevado a aceptar? ¿qué consecuencias ha tenido para ti el actuar así?
¿Tenéis alguna experiencia al respecto que os gustaría compartir? Si no la tenéis, decidme que no....
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